¿Podrá la monetización digital alejar a los jóvenes de las aulas?

Las plataformas han creado una ruta real para generar riqueza sin una profesión universitaria. El desafío de la educación será demostrar que aprender sigue siendo necesario, aunque el camino hacia el éxito haya cambiado.



Por David Santana

Durante generaciones se transmitió una idea casi incuestionable: estudiar, obtener un título universitario, conseguir un buen empleo y, a partir de ahí, construir estabilidad económica.

Pero el mundo cambió.

Hoy un joven puede tomar un teléfono celular, crear contenido desde una habitación y alcanzar una audiencia superior a la de muchos medios tradicionales. TikTok, YouTube, Facebook, Instagram y otras plataformas han convertido la atención de millones de personas en un activo económico.

Y esa nueva realidad plantea una pregunta que la sociedad y, particularmente, las universidades tendrán que comenzar a responder: ¿podrá la posibilidad de ganar dinero mediante las plataformas digitales disminuir el interés de las nuevas generaciones por las aulas?

La pregunta no es exagerada.

Cada día los jóvenes observan creadores de contenido que exhiben vehículos, viviendas, viajes y estilos de vida que anteriormente parecían reservados para empresarios consolidados o profesionales con décadas de ejercicio.

Frente a esa realidad, resulta comprensible que algunos comiencen a preguntarse: ¿para qué invertir cuatro o cinco años en una carrera si aparentemente puedo generar más dinero creando contenido?

Sí, es posible triunfar sin una profesión universitaria

Hay que reconocerlo sin prejuicios: sí es posible convertirse en millonario, empresario exitoso o alcanzar independencia económica sin poseer un título universitario.

No reconocerlo sería ignorar la realidad.

El emprendimiento siempre ha permitido construir riqueza fuera de las profesiones tradicionales. Lo novedoso es que la tecnología ha multiplicado esas oportunidades y reducido muchas de las barreras que antes existían para comenzar.

Un teléfono puede ser hoy una cámara, un estudio de televisión, una emisora, una tienda, una agencia publicitaria y hasta el punto de partida de una empresa.

Un creador puede obtener ingresos mediante publicidad, patrocinios, transmisiones, membresías, comercio electrónico, servicios y productos propios. Y cuando esa actividad se administra correctamente, el creador deja de ser simplemente una personalidad de Internet y puede convertirse en empresario.

Por tanto, decirle a un joven que obligatoriamente necesita una profesión universitaria para tener éxito económico sería desconocer las posibilidades del mundo actual.

Pero existe otra verdad igualmente importante:

No necesitar un título universitario no significa no necesitar educación.

Se puede triunfar sin título, pero no sin aprender

Un creador que comienza ganando dinero tendrá que aprender tarde o temprano sobre administración, impuestos, contratos, derechos de autor, mercadeo, inversiones y manejo financiero.

Quien convierte sus redes en una empresa necesitará saber contratar personal, negociar acuerdos comerciales, proteger su imagen y administrar correctamente sus ingresos.

El empresario que no aprendió esas cosas en una universidad tendrá que aprenderlas en algún lugar.

Por eso debemos separar dos conceptos que muchas veces confundimos: educación y titulación.

Un título certifica una formación determinada. La educación, en cambio, puede acompañarnos durante toda la vida.

El peligro de confundir posibilidad con facilidad

Las plataformas digitales ofrecen oportunidades reales, pero también pueden producir una percepción distorsionada del éxito.

Vemos al creador que consiguió millones de seguidores, pero rara vez conocemos a los miles que publicaron durante años sin conseguir suficientes ingresos para vivir de sus contenidos.

Las redes nos muestran principalmente el resultado.

Vemos el vehículo, pero no necesariamente los años de trabajo. Vemos los millones de reproducciones, pero no los cientos de videos que fracasaron. Vemos al empresario digital cuando ya alcanzó el éxito, pero pocas veces conocemos completamente el proceso que atravesó.

Es posible hacerse millonario creando contenido. Lo que no es correcto es presentar esa posibilidad como algo automático.

Las universidades también tendrán que cambiar

Aquí aparece un desafío extraordinario para la educación.

La respuesta no puede consistir en combatir TikTok, YouTube, Facebook, Instagram o la inteligencia artificial.

Eso sería luchar contra la época en que vivimos.

La universidad tendrá que preguntarse cómo convertir esas herramientas en aliadas.

Un médico puede construir una plataforma de divulgación sobre salud. Un abogado puede explicar asuntos jurídicos. Un agrimensor puede enseñar topografía. Un periodista puede desarrollar su propio medio. Un profesor puede convertir sus conocimientos en contenidos capaces de llegar a millones de personas.

Entonces aparece una posibilidad mucho más poderosa:

formación profesional + tecnología + emprendimiento + creación de contenido.

Quizás ahí se encuentre parte del futuro.

El aula ya tiene un nuevo competidor

Durante mucho tiempo, abandonar los estudios estaba relacionado principalmente con dificultades económicas, necesidad de trabajar o problemas familiares.

Ahora existe otro elemento.

El aula compite contra una pantalla que todos los días puede mostrarle al estudiante personas de su misma edad ganando cantidades de dinero que quizás un profesional tarde años en alcanzar.

Eso inevitablemente influirá en la manera en que algunos jóvenes evalúan la educación tradicional.

La solución no puede ser negar esa realidad.

La educación tendrá que evolucionar y demostrar que el conocimiento continúa teniendo valor incluso dentro de esta nueva economía.

El éxito ya no tiene un solo camino

La universidad continúa siendo fundamental para numerosas profesiones y para el desarrollo científico, tecnológico y social. Hay actividades que requieren necesariamente una formación académica rigurosa.

Pero también debemos aceptar que el éxito económico del siglo XXI no tiene una sola puerta de entrada.

Se puede llegar mediante una profesión.

Se puede llegar mediante una empresa.

Se puede llegar mediante un oficio.

Y también se puede llegar mediante la economía digital.

El verdadero error sería hacer creer a nuestros jóvenes que existe una fórmula garantizada.

Ni un título universitario garantiza riqueza, ni abrir una cuenta en una red social garantiza convertirse en millonario.

Por eso, quizás la discusión correcta ya no sea universidad versus redes sociales.

La verdadera pregunta debería ser:

¿Cómo conseguiremos que una generación que lleva en el bolsillo una herramienta capaz de convertirla en creadora, emprendedora y potencialmente millonaria comprenda que, con título o sin título, el conocimiento continúa siendo una de las mejores inversiones para sostener el éxito?


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