No todas las carreras conducen al mismo camino: algunas dependen principalmente de conseguir un empleo, mientras otras permiten al profesional construir su propia fuente de ingresos.
Por David Santana
Obtener un título universitario es una meta importante, pero el día de la graduación también marca el comienzo de otra realidad: ¿qué voy a hacer ahora con mi profesión?
Durante años, muchos estudiantes concentran sus esfuerzos en aprobar asignaturas, completar créditos, realizar prácticas y finalmente graduarse. Sin embargo, no siempre se analiza con suficiente anticipación qué posibilidades económicas y profesionales ofrece realmente la carrera escogida.
Porque tener un título y tener una fuente de ingresos son dos cosas diferentes.
El título certifica una preparación. Después corresponde al profesional convertir esos conocimientos en trabajo, servicios, experiencia y eventualmente ingresos.
Hay carreras que permiten crear tu propio trabajo
Una consideración importante al elegir una profesión es preguntarse cuánto dependerá nuestro futuro de que una institución o empresa decida contratarnos.
Existen carreras cuyo ejercicio permite desarrollar una actividad profesional independiente. En ellas, después de cumplir los requisitos legales y profesionales correspondientes, el conocimiento adquirido puede convertirse directamente en un servicio que otras personas necesitan.
Pensemos, por ejemplo, en un odontólogo. Puede trabajar para una institución, pero también puede desarrollar gradualmente su propia consulta.
Un abogado puede ser empleado, pero igualmente puede construir una cartera propia de clientes y ofrecer servicios jurídicos de manera independiente.
Un profesional de la contabilidad puede trabajar para una organización y, al mismo tiempo, desarrollar una práctica ofreciendo servicios contables, tributarios y administrativos a diferentes clientes.
Un arquitecto puede ofrecer diseños, supervisión y asesoría profesional.
Un psicólogo, conforme a las regulaciones correspondientes, puede desarrollar una consulta profesional.
Y un agrimensor puede ofrecer servicios técnicos relacionados con levantamientos, mediciones, deslindes, subdivisiones, replanteos y otros trabajos propios de su ejercicio profesional, siempre dentro de las habilitaciones y procedimientos establecidos.
En todas ellas existe algo interesante: el profesional puede convertirse en el principal motor de su propio crecimiento.
Eso no significa que el éxito esté garantizado
Aquí aparece una diferencia fundamental.
Tener una profesión que permita trabajar independientemente no significa que los clientes aparecerán automáticamente después de la graduación.
El profesional necesitará construir reputación, experiencia y confianza.
Tendrá que aprender a administrar sus ingresos, establecer honorarios, tratar correctamente a sus clientes, cumplir obligaciones fiscales, invertir en herramientas y mantenerse actualizado.
Incluso puede necesitar algo que muchas universidades enseñan poco: aprender a administrar su profesión como una actividad económica.
Carreras con mayor posibilidad de ejercicio independiente
Sin afirmar que unas sean mejores que otras, existen profesiones que tradicionalmente ofrecen mayores posibilidades de trabajar por cuenta propia, entre ellas:
- Derecho: oficina y servicios jurídicos.
- Odontología: consultorio propio.
- Contabilidad: cartera independiente de clientes.
- Agrimensura: servicios técnicos y trabajos de campo.
- Arquitectura: diseño, proyectos y supervisión.
- Psicología: consulta profesional, según habilitación.
- Ingenierías: consultoría, diseño, supervisión y proyectos, dependiendo de la especialidad.
- Medicina: ejercicio privado después de cumplir la formación, especialización y habilitación correspondientes.
Esto no quiere decir que quienes estudien estas carreras nunca necesiten trabajar para terceros. De hecho, trabajar inicialmente junto a profesionales experimentados puede ser una excelente manera de adquirir experiencia antes de independizarse.
Antes de elegir una carrera, pregúntate qué vida quieres después
Quizás esta sea una pregunta que deberíamos hacerles con mayor frecuencia a los jóvenes:
¿Quieres solamente estudiar una carrera que te gusta o también has pensado cómo quieres ejercerla?
Hay personas que prefieren estabilidad, salario fijo, horarios establecidos y desarrollarse dentro de una institución.
Otras desean construir su propio despacho, consultorio, oficina o práctica profesional y aceptar el riesgo que implica depender de sus propios clientes.
Ninguna de las dos decisiones es necesariamente superior.
Lo importante es conocerlas antes de escoger una carrera.
Porque después de cinco años de universidad puede resultar frustrante descubrir que la profesión elegida conduce principalmente hacia un modelo laboral que nunca quisimos.
El título abre la puerta; tú tendrás que caminar
La universidad puede entregarte conocimientos y finalmente acreditar tu formación mediante un título.
Pero no puede garantizarte clientes.
No puede garantizarte un empleo.
Tampoco puede garantizarte éxito económico.
Después de graduarte aparecerá una etapa en la que pesarán tu capacidad, disciplina, reputación, ética, relaciones profesionales, experiencia y disposición para continuar aprendiendo.
Por eso, antes de preguntarnos solamente “¿qué carrera quiero estudiar?”, quizás deberíamos formularnos una segunda pregunta:
“Cuando termine esa carrera, ¿quiero esperar que alguien me dé una oportunidad o quiero tener una profesión que también me permita crear mis propias oportunidades?”
Esa pregunta, realizada antes de entrar a la universidad, puede cambiar completamente la manera en que una persona elige su futuro.
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